Adoro los caminos oscuros y poco recorridos es en ellos
que evoco tu nombre,
Adoro los puentes de madera que unen dos quebradas de
tierra y piedra, dos pueblitos solitarios, que conviven el uno con el otro es
así que a veces me siento contigo,
Adoro cuando llueve derepente y me sorprende a mi edad la
mágia de las gotas traviesas es así que te recuerdo entre mis brazos,
Adoro la fragilidad de las flores, tan hermosas, extrañas
y vulnerables es así como percibía tu piel entre mis manos,
Adoro el silencio de las madrugadas campestres, su
inquietante plenitud salvaje, su cambiante aroma, que lleva y trae las
copulaciones del trigo con el viento, todo ello me hace imaginarte tendida
entre tu desnudez, envuelta entre los laberintos delicados de tus cabellos,
Adoro tu nombre a pesar de no recordarlo, así te puedo
invocar a través de otros nombres llevándome siempre hacia ti,
Adoro tus besos, simples, suaves como las líneas de un
niño aprendiendo a escribir,
Adoro los años en ti, es con ellos que la palabra “mujer”
se rinde ante las marcas sublimes del tiempo,
Adoro imaginar que existes, verte simplificada en cada
mujer, en cada piel, en cada cuerpo, creer que puedas habitar un corazón y que
eres tú la que das vida al imaginario de mis deseos,
Adoro la sombra que emite la figura de tus gemidos,
cuando agitada batallabas cuerpo a cuerpo por no ceder a la tentación,
Adoro imaginar que exististe alguna vez, algún tiempo, en
algún lugar, en algún espacio del universo,
Adoro creer que yo podría ser aquel ser que evoco ahora
mismo y extraño en forma enfermiza, a pesar que eres tú la que imaginas en esa
pequeña galaxia a un hombre que se parece a mí y crees que solo es vana
imaginación.

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